Aquí os dejo a un verderón que esta mañana me sorprendió mientras cantaba sus cuitas amorosas a los cuatro vientos. Me llamó la atención la atalaya que utilizó para endulzar sus trinos: la breva de una higuera. A pesar de que el objetivo de mi cámara no me permitió acercarme más, creo que se ve razonablemente bien,
(...) que ni sé cuándo es de día ni cuándo las noches son, sino por una avecilla que me cantaba el albor. (...) Afortunadamente no apareció un ballestero sino un afotero. Dele Dios buen galardón.
Bien hilado, Fernando. Como tú sabes, hay mucho "pájaro" en la literatura. Por eso, prefiero quedarme con tu romance, con "A merced de los pájaros", de nuestro amigo Jesús Cotta, o con esta estrofa del bueno de Fray Luis:
Despiértenme las aves con su cantar sabroso no aprendido; no los cuidados graves de que es siempre seguido el que al ajeno arbitrio está atenido.
(...)
ResponderEliminarque ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba el albor.
(...)
Afortunadamente no apareció un ballestero sino un afotero.
Dele Dios buen galardón.
(Y un abrazo).
Bien hilado, Fernando. Como tú sabes, hay mucho "pájaro" en la literatura. Por eso, prefiero quedarme con tu romance, con "A merced de los pájaros", de nuestro amigo Jesús Cotta, o con esta estrofa del bueno de Fray Luis:
ResponderEliminarDespiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.
Me ha producido una alegre ternura.
ResponderEliminarBesitos
Virgi, algo de arcádico tuvo el momento: la soledad del campo, sol "primaveral" de febrero y el canto alegre del verderón. Un auténtico placer.
ResponderEliminarUn beso