15.2.10

El puñetero invierno



A este invierno le deben haber pisado el rabo. Ya pronto le levantarán el pie y saldrá despavorido a esconderse tras la parra verde de septiembre, a la espera de que el otoño se despoje de su piel dorada. La primavera, temerosa al escuchar los aullidos desesperados de este demonio de pies blancos y cabeza oscura, permanecerá escondida, pero dispuesta a mostrar de improviso su sujetador verde. Sabe que un día alguien más impetuoso llenará de voz luminosa su corazón adolescente.

Fotografía: "Lluvia sobre el techo de zinc" (Florencia Chihigaren).

11.2.10

Barbarie

Hay comportamientos que me producen una enorme rabia, demasiada, sobre todo cuando afectan a quienes están indefensos.

Esta mañana, mientras paseaba a mis dos perros, Chili y Leo, por una zona despoblada junto a una zona residencial, he sentido unos ladridos que no acertaba a localizar, ya que allí no había nadie. Este lugar estaba destinado a la construcción de viviendas, pero la crisis inmobiliaria ha hecho que quede a medio urbanizar. Trazadas las calles, delimitadas con bordillos las aceras e instaladas las diferentes tuberías, todo lo demás es un páramo de albero amarillo.
Guiado por los aullidos, me acerqué al lugar de donde creía que procedían. Allí, en una arqueta de teléfonos me encontré a dos perros que alguien había abandonado. Los animales ladraban y temblaban no sé si de frío o de miedo. Desconozco el tiempo que habían pasado encarcelados.
Tras armarme de valor, decidí meterme en la arqueta para liberarlos a pesar de su actitud defensiva. Solo conseguí acariciar a uno de ellos, que se encontraba herido. Creo que le habían rajado el lomo para quitarle el microchip que lo identificaba. El otro animal, el más agresivo, era una perra de tetas largas, estrujadas, secas también, que no dejaba ni de ladrar ni de mirar con desconfianza, pese a mi tono cariñoso y relajado. Mientras acariciaba a su compañero, su rabo se movía entre sus patas tal vez queriéndose acercar.
Su ladrido era de horror, no solo a la oscuridad sino a la vida, a lo desconocido, quizá peor de lo hubiera imaginado.

P.D.: Mi agradecimiento a la Policía Local de Alcalá de Guadaíra (Sevilla) tanto por el trato que me ha deparado, como por la diligencia que ha demostrado.

1.2.10

Boinas capadas

Recuerdo que de niño los viejos del pueblo se reunían en las esquinas, junto a la carretera, buscando el rácano sol del invierno. Allí, fieles de las horas, charlaban de “su” mundo, de sus vidas antiguas. Todos sin excepción llevaban una boina (sin acento) que los protegía del sol, del agua, del viento, de la vida. Era como un tapón de corcho (llegué a pensar que tras la tela de fieltro se encontraban sus sesos).
En aquellos tiempos preconstitucionales (cuán fatuos pueden llegar a ser los adjetivos), los viejos solían hablar con frecuencia con los niños (¿qué se fizo de la tradición oral?). Recuerdo especialmente a uno de ellos que polemizaba con vehemencia sobre cómo había de cubrirse la cabeza: “Las boinas deben estar capadas de tal modo que no quede ni rastro del rabillo (no diré cómo lo llamó)”. Según él, el mundo se dividía entre las boinas capadas y las no capadas. Sin querer, acabó explicándome por primera vez la visión de las dos españas, por supuesto irreconciliables, opuestas por oposición, por necesidad o necedad, por ideología o por genética, por huevos o por huebos.
Creo que fue Miguel Mihura en Ninette y un señor de Murcia quien lo expresó con la fina comicidad de sus comedias: hay que ser o cocidista o fabadista ineludiblemente.
Hoy apenas quedan boinas capadas. Habría que reivindicar alguna ayuda al Ministerio de Medio Ambiente para estos seres tan entrañables, tan olvidados en frías salas de luz blanca.

26.1.10

Besos

Son besos, solo besos: cuatro paredes redondas que se unen con física de hierba pisada, ángulos, cuerpos que pierden y recuperan su volumen. Así, como si nada pasara por el hilo invisible -vacío, diría yo- de quienes no perciben la usura de sentirse solos.
Son solo besos, bocanadas de certeza, naufragios de esperanza.

19.1.10

Líneas

En la luz cóncava
de la tarde, un avión
traza un surco de espuma,
una raya en el agua.

13.1.10

La hipnotizadora



Desde algún rincón de mi infancia sé que la lluvia es una hipnotizadora que, para engañarnos, se vale de sus manos frías y largas. De esta forma, vencidos por la sugestión, percibimos las gotas de cristal como islas transparentes, células que se funden en ríos hondos, imprevisibles aristas hacia abismos desconocidos. Entonces, el dios de la lluvia te devuelve, como un pez casi asfixiado, al cristal empañado por el que mirabas, al mar, a la lente oceánica de la muerte.

10.1.10

Robadora

¿Dime robadora
que te mereci?
¿Qué ganas agora?
¡Que muera por ti!
Yo siempre sirviendo,
tú siempre olvidando;
yo siempre muriendo,
tú siempre matando.
Yo soy quien t’ adora,
y tú contra mí;
¿Qué ganas agora?
¡Que muera por ti!

Anónimo: Cancionero de Uppsala.

29.12.09

Cipariso


A pesar de la fiebre y la desolación, de la sangre y el sudor, Cipariso permanecía sentado en el campo de batalla contemplando el romo paisaje de colinas agrestes. Sentía que la idea de la muerte le ahogaba la respiración, que las galerías desiertas del alma se inundaban de sensaciones extrañas. Miraba y pensaba sin que la luz de poniente lo aliviara. Por fin, horas o días más tarde, remedió que lo mejor era acorralar a la muerte en aquel mismo lugar. Para ello se dispuso a cavar una zanja tan honda como le concedió la roca viva. Luego, con mortero de cal y piedra muerta subió un muro alto y desnudo, dentro del cual enterró uno a uno los cuerpos de sus compañeros de viaje.
Tras acabar su obra, presintió que el vacío de la nada, con su fuerza negra y huidiza, escaparía fácilmente de allí, así que decidió rodear el muro con cipreses, árboles fuertes y valientes.
Desde la colina, estos fieros vigilantes de la eternidad, en fila de a uno, en centuria, desafiarían al mundo con su altura de cometa, alzarían sus ramas al cielo para sentirse como flechas azules contra la nada, cerrarían las puertas de la muerte para evitar que corra fugitiva contra los ojos de los padres, que escape la hiel de los vencidos...
Comprendió entonces que su empresa no estaba aún terminada, que aquellas colinas debían sentir el pulso de los vivos, el jadeo de la existencia y, para olvidar estos malos presentimientos, imaginó en su retina un paisaje lleno de olivos aferrados al hierro hirviente de los siglos, con cicatrices de sombra en sus troncos retorcidos como serpientes.
Por ello, durante años, con la fuerza de su miedo, llenó de plata azulada las colinas. Los olivos, separados con distancia de estrella, los dibujaba como un firmamento de vida, almas que borrarían las heridas de la muerte, un inmenso orden en el caos de hileras y silencio.
Cipariso, orgulloso de su tarea salvadora, descansó y esperó sin llegar a entender el sudor y la sangre oscura de las aceitunas.

17.12.09

Sábanas




En los pliegues de las sábanas blancas se escriben palabras, besos, suspiros, el vértigo soñoliento de sus caderas... Aunque se laven y planchen, mis dedos, como ciegos errantes, leen su caligrafía indeleble, la ortografía impúdica de la noche.

Fotografía: xavi07.blogspot.com/2009_02_01_archive.html

15.12.09

Pea culpa

Sí, fui yo. Fui yo quien por un plato de lentejas cometió un delito contra la humanidad. Fui yo quien asoló con gas mostaza un rico ecosistema de arañas y moscas volanderas. Yo fui quien, al abrir el ascensor, saludó con sonrisa acanallada al vecino del quinto.
Descanse en paz.

12.12.09

Un ratillo y una felicitación

Estas últimas semanas están siendo un tanto anómalas. Asuntos familiares me tienen distraído de la actividad bloguera y, como consecuencia, apenas publico ni asisto a las cenas a las que me invitan (espero que los caballeros mercuriales me sepan entender).
Pero, antes de que los días pasen y se eche la Navidad encima, aprovecho este ratillo libre para enviar mi felicitación navideña (o la del solsticio de invierno, que no sé cuál es el adjetivo) a todos los que se han acercado a esta a casa. De corazón. Ha sido un auténtico placer conocer a personas como vosotros, poderos leer, disfrutar con vuestros comentarios y reflexiones. Y además gratis, en estos tiempos que corren.
Inicialmente os iba a enviar este villancico, pero al final me ha gustado este otro.

Feliz Navidad

3.12.09

El lexicógrafo lírico

Esta mañana, después de buscar con mis alumnos una palabra en el diccionario, se me ha ocurrido incorporar en este blog una etiqueta que se llame el lexicógrafo lírico. En ella pretendo destacar el trabajo sordo e imprescindible de tantos especialistas de la Lengua (con mayúsculas) que durante siglos han ido asentado nuestro idioma. Así que me pongo manos a la obra. Esta es la primera palabra:


http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=penumbra


1.12.09

Retorno voluntario

Tras cerrar la puerta, tu mano enciende la magia blanca de la luz y deja las llaves en el lugar donde diariamente naufragan los tesoros. Sin pensar, recorres el camino hacia tu cama, el universo mudo que solo existe cuando los minutos se confabulan con la oscuridad. Sin pensar, siempre sin pensar.
Del cuarto de tus hijos al tuyo sientes, en apenas unos metros, el transcurso de los años, los roces en la pared, las grietas volubles de la vida.
Sin pensar percibes su respiración, sus suspiros de terciopelo, sus pechos de satén, su pelo de reina hermosa, su esfuerzo de titán, su alma encima de la vida.
Sin pensar te desnudas, te enfundas un disfraz invisible que te convertirá en caballero de tus sueños, en el antihéroe de tus pesadillas, las mismas, las de siempre, las que viven sin pensar, las que conocen los cigarros en la ventana, los tragos hondos de la cañería, el eterno nerviosismo de la persiana, la arritmia de la lavadora que, sin pensar, te suplica de madrugada, los frenos del autobús que reverencian un semáforo olvidado y, sin pensar, te duermes sin querer pensar qué piensas.

27.11.09

¿Eternidad?



Hasta hace un rato pensaba que en la vida había pocas cosas tan eternas como una hipoteca, pero acabo de recibir un mensaje del móvil que me confirma que me han pasado al cobro la penúltima mensualidad. ¿Ya han pasado quince años? ¿Seré eterno?
¿Me aplicará el banco alguna cláusula críptica que me obligue a seguir pagando las próximas reencarnaciones? ¿Les afectará a mis tataranietos?
Tiene que haber gato encerrado, no me fío. Lo mismo mi expediente no lo encuentren. La hipoteca se la pedí al Banco Hipotecario, que luego, por arte de magia, fue Caja Postal, más tarde Argentaria (por hacer un guiño a los clásicos) y momentáneamente BBVA. Esto me recuerda a los trileros de la calle Sierpes.

P.D.: Perdonad mi ausencia pero deberes familiares inexcusables no me han permitido ni permitirán en los próximos días leer vuestras entradas.

20.11.09

La agenda

La mafia colombiana, cumplido el último plazo insatisfecho, da fin a las preocupaciones. Siguiendo el instinto atávico de quienes desprecian lo que queda fuera de sus propias entrañas, buscan en la agenda del teléfono móvil del ajusticiado y llaman por orden alfabético a sus amigos, uno a uno. Solamente la vida tendrá valor, si paga la deuda, aunque no sea la suya.
Mi amigo A. no deja de pensar. Hace un mes que su jefe no aparece por el trabajo y su coche, calcinado, ha sido encontrado a 200 km de distancia. Alguien llama…

17.11.09

Enseñando haikus

Hace unas semanas, tomando un café mientras que llegaba la hora de inglés de mi hija, se me ocurrió, para entretenerla, enseñarle a hacer haikus. A pesar de su corta edad, una niña de “nuef” años, la experiencia fue muy gratificante. De hecho, la semana siguiente, sin que le yo dijera nada, ya tenía preparada una servilleta de la cafetería y un lápiz en la mano. Lógicamente, no pude negarme.
Al principio, como si fuera un duelo poético, buscamos imágenes de animales. Luego cada uno se inspiró en lo que quiso, faltaría más.

Ella:
Salamanquesas
trepan por todos lados.
Parecen monos.

Yo:
Salamanquesas,
grisáceas estatuas
que aman la noche.

Ella:
Se esconde el sol:
Los grillos con violín.
La luna canta.

Yo:
Un violín roto
suena en la oscuridad.
Un grillo llora.

Ella:
Baila la tierra,
El sol va dando vueltas.
Parece un vals.

Yo:
En el cristal,
las gotas divertidas
buscan el mar.

En este mundo
de hiatos, te busqué
como un diptongo.

15.11.09

La luz del faro

Tras el éxtasis de los amantes, una barbacana de sueño separa los cuerpos. La realidad cercena punto a punto el pozo profundo de los sentidos hasta recobrar la percepción cotidiana de la existencia.
Es de noche y un faro tartamudeante extiende su lenguaje de luces sobre la negritud informe. Es de noche otra vez.
Miro tu cuerpo silente que duerme con el reflejo parpadeante del cristal marino. Respiras. ¡Cómo respiras! Como si un hilo de olas blancas salpicara tu pecho…
Duermes pensando que la vida se nos va con la fuerza del viento, o de los besos.
Es de noche todavía y la marea de tu piel aún no se ha retirado. Sé que siempre te he querido, siempre, mientras que el faro repita su canto de sirenas y naufragios.
Es de noche y espero que nunca amanezca.

3.11.09

18 segundos

Es evidente que lo más importante en la vida humana es la audiencia. Que te lean con frecuencia, que tu facebook se abarrote, que te lluevan los SMS, que aparezcas en todos los buscadores terrícolas e interestelares es la finalidad básica de nuestra existencia. Al menos algo de ello debió de pensar el pobre Francisco Ayala.
Que el telediario del mediodía de Antena 3 le dedique una eternidad de 18 segundos a dar noticia de su muerte y de su vida, mientras que al llorado J.L. López Vázquez, muerto el día antes, se le dedican varios minutos y un enviado especial a la capilla ardiente, resulta, cuanto menos, vergonzante.
Si a un Premio Cervantes, a un Nacional de la Letras, a un Príncipe de Asturias, se le dedica una miseria de 18 segundos y a una diseñadora pseudomoderna que hace corsés casi dos minutos, algo raro está pasando.
Hablamos de Francisco Ayala, un escritor lúcido y crítico, un intelectual de primera línea, un exiliado que ha hecho patria por donde ha ido (Argentina, Brasil, Puerto Rico, EE.UU.). Ni siquiera por el hecho de haber estado escribiendo hasta los 103 años de edad ha merecido mayor gloria mediática. ¡España, país del mundo al revés!

30.10.09

Casi

Antes de que termine el mes, suelo adelantar la hoja del calendario. Ayer, cuando me disponía a hacerlo, reparé en que alguien de mi familia había tachado a lápiz la palabra “casi” de la frase que ilustraba el margen del mes de octubre: “El gran tesoro de la persona está dentro y casi siempre lo buscamos fuera”.
Después de cerciorarme de que mi mujer no había sido, me he quedado pensando cuál de mis dos hijos pudo hacerlo. La acción en sí denota que se trata de una persona madura y reflexiva, pero ¿no encontráis un cierto pesimismo en su visión de las personas? ¿O es simplemente una postura realista?

P.D.: Ya me he enterado. Fue quien me imaginaba.

27.10.09

Un poema vivo

Pensaba esta mañana escribir acerca de cómo iban las madres que llevan a sus hijos al colegio, pero, por más que lo intentaba, no podía superar la imagen de un poema de Juan Ruiz que una y otra vez interfería en lo que deseaba escribir. Así que me fui a Internet a buscar el texto del maestro y compruebo, no sin sorpresa, que el poema estaba en youtube. Se trata de una versión de Javier Bergia que había sido vista por tan solo 195 elegidos. Siglos más tarde, la voz del Arcipreste se había colado por un agujerillo de la red. Flipante. Alguien al que le gustaba tanto el texto como a mí, lo había incluso cantado.
He de reconocer que, cada vez que leo el poema, más lo disfruto. Es un texto en verso que tiene un indudable valor lírico, narrativo y si me apuráis, teatral.
En él, el bueno de Don Melón expresa sus sentimientos al ver de lejos la belleza de Doña Endrina. Todo lo que tiene pensado se deshace por el nerviosismo que le crea su presencia. Inventa una excusa muy peregrina hasta que finalmente se queda solo con su amada y le expresa su quexura de amor.

P.D.: La exclamación inicial debería guardarse de modo obligado en el Banco de España.

Ay, Dios, e quán fermosa viene Doña Endrina por la plaça
¡Qué talle, qué donaire, qué alto cuello de garça!
¡Qué cabellos, qué boquilla, qué color, qué buenandança!
Con saetas de amor fiere quando los sus ojos alça.

Pero, tal lugar non era para fablar en amores;
a mí luego me venieron muchos miedos e tenblores:
los mis pies e las mis manos non eran de sí señores,
perdí seso, perdí fuerça, mudáronse mis colores.

Unas palabras tenía pensadas por le dezir,
el miedo de las conpañas me façian ál departir;
apenas me conosçía nin sabía por dó ir:
con mi voluntat mis dichos non se podían seguir.

Fablar con muger en plaça es cosa muy descobierta:
a bezes mal perro atado tras mala puerta abierta;
bueno es jugar fermoso, echar alguna cobierta;
ado es lugar seguro, es bien fablar cosa çierta.

«Señora, la mi sobrina, que en Toledo seía,
se vos encomienda mucho, mill saludes vos enbía;
si oviés lugar e tienpo por quanto de vós oía,
deséavos mucho ver e conosçervos querría.

Querian allá mis parientes cassarme en esta saçón
con una donçella muy rica, fija de Don Pepïón;
a todos dí por respuesta que la non quería, non:
de aquella seria mi cuerpo que tiene mi coraçón.»

Abaxé más la palabra, díxel que en juego fablava
porque toda aquella gente de la plaça nos mirava;
desque vi que eran idos, que omne aý non fincava,
començél dezir mi quexura del amor que me afincava.

Juan Ruiz: Libro de Buen Amor. Cátedra.

22.10.09

Pisando fuerte

Desde tiempos antepretéritos está comúnmente aceptado por la infalible ciencia popular que el pisar una mierda da mucha suerte. Por este motivo y como consecuencia de lo dicho, esta mañana he comprado un cupón para el viernes. Hasta aquí no hay nada que decir. Pero, al poco, me han asaltado las dudas. Si me tocara el cupón, ¿he de darle una parte al dueño del animal? ¿Se debe cambiar la consideración social de estos seres desprendidos que llevan la fortuna a sus conciudadanos y además de forma diaria? ¿Con qué cantidad se les deberá remunerar a estos generosos ciudadanos? ¿En especie tal vez? ¿Según las unidades de millar del cupón premiado?
¿De qué factores depende la suerte que te confiere la mierda? ¿Obtendré un premio mayor si el subproducto pisado posee mayor tamaño, según el dicho de que “más caga un buey que cien golondrinos”? ¿Han de considerarse la dureza, frescura, consistencia y adherencia a los zapatos como un garante cierto que me permitirá dar con el número de serie del cupón?
Pero todo lo dicho no se hubiera escrito si no hubiera pisado al mediodía una segunda mierda. Es entonces cuando mi desconcierto se hecho absoluto. Sabedor de que mi suerte se ha elevado de modo exponencial, me han entrado deseos de compartirla con estos seres que desinteresadamente cuidan estos animales para que nosotros vivamos mejor. Pero, ¿no habrá anulado la segunda el poder mágico de la primera? No lo sé, aunque después de lo ocurrido, he comprado otro cupón y el extra de otoño.

P.D.: ¡Qué semanita!
Mañana hablaré de Juan Cobos.

21.10.09

De cómo me jugué la vida y otras cosas de gran valor

El pasado domingo decidimos ir a hacer una ruta por el campo. El lugar elegido no era otro que el trayecto que discurre junto al río Majaceite, entre El Bosque y Benamahoma (Cádiz).
El recorrido de unas dos horas, pese a su sencillez, es una auténtica maravilla. Situado en un Parque Natural, atraviesa un bosque de galería muy bien conservado. En este ambiente, marcado por el verdor y la humedad, uno cree encontrarse en una égloga de Garcilaso rodeado de ninfas y pastores.
Allí, acompañado de otras dos familias, iniciamos el viaje. Pronto las cámaras fotográficas se desenvainaron de sus fundas para dar cumplida cuenta de la belleza del paraje. Pero, en mitad del camino, dos niños se aventuraron a pasar al otro lado del río apoyándose en unas piedras. Era una trampa. Tal y como estaban dispuestas, se podía ir pero no regresar. En esta situación límite, haciendo gala de mi proverbial arrojo y como si fuese el mismo Capitán Lanza En Ristre, aventureme a ir en su auxilio. Estudié el lugar, analicé cada piedra y valoré cómo había de ser el impulso que debía tomar. Sin pensarlo más, salté hacia una piedra angulosa y ladina que me quiso mal. De buenas a primeras, la suela urbanita de mis deportivos no se pudo agarrar a la piedra y quédeme durante un largo instante en el aire suspendido (oh , San Juan, cómo te entendí). Caíme, precipiteme, despeñeme (como un chop "armejero") hasta que, finalmente, escoñeme, partime, descalabreme y rompime el culo.
Mojado y con la junta de culata “partía” hube de seguir la jornada como dios dispuso. Cuando llegué a casa y, ya en frío, descubrí la importancia anatómica del coxis (vulgo hueso cuqui). Joé, qué dolor, hasta para sentarse (¡cómo me he acordado de aquel chiste de la primera experiencia sexual!).
Con el aparato tronante en tan mal estado, la semana ha empezado de culo. Ayer por la tarde, por ejemplo, en la charla que dio Juan Cobos Wilkins en la Biblioteca Pública de Sevilla, pese a lo moderno del lugar, no había un mal cojín que aliviara mi padecimiento. Un mundo sin cojines no es mundo. Fue la primera vez en mi vida que experimenté dolor físico al oír la poesía.
P.D.: De Juan Cobos ya hablaré mañana. ¡Qué buen rato nos hizo pasar!

20.10.09

Todos los años

Todos los años me sucede lo mismo. Llegan las primeras lluvias –aunque este año sean tardías– que nos anuncian la llegada del otoño (hasta ayer tuvimos 29 grados). Y siempre la evocación del verano como algo fugaz y efímero que no deseo que pase.

Movías el café mientras al fondo dos muchachos en bañador jugaban al billar. Fuera, a la sombra, un viejo dormitaba debajo de su sombrero de paja. La camarera de espalda curva, como de pez, me miraba con lascivia displicente, sabedora de que sus ojos hablaban más que su cuerpo. Al fondo, el arenal ardiente sostenía un anárquico entramado de pinchos y sombrillas. Siesta. Un velero recorre el horizonte de plata bruñida. Más cerca hidropedales con silueta de náufrago anclan en el mar sus cuerpos negros.
Sé que estos días de verano, lentos y alegres, los olvidaremos. Tal vez los nombremos. O tal vez no. Que estemos juntos, como ahora, que el mar siga siendo de plata blanca, nunca oscura. Ojalá volvamos a ser tan felices como ahora lo somos, o lo creemos, y que el velero vuelva a volar por el mismo firmamento de olas. Llegará la hora de partir y los dejaremos aquí. Lo sé.


P:D.: Mañana hablaré de lo sucedido este fin de semana y que me ha dejado malherido.

14.10.09

Inés

Una noche, mi hija se sentía tan triste por algo que le sucedió aquel día que, incluso dormida, no dejaba de llorar.
Pasado el tiempo, cuando la noto cabizbaja —cosa rara en ella, que se pasa el día cantando—, me acuerdo del poema que le escribí aquella noche. Y como hoy es un día de esos, aparco la entrada que tenía pensada y transcribo el poema.
Va por ella.

Duerme un sobresalto de niña triste,
un combate de sobrecogimiento
y un suspiro de nieve.
—Te queda la vida
en tu sonrisa de estrella,
Inés, te queda la mochila del firmamento
en tu estela de princesa.
—¡No llores más,
que un hada de arena cubrirá
tu cama con el calor del mar!
¡No llores más, Inés, no llores más!

12.10.09

¿Qué nación?

En medio de esta vana polémica sobre si es necesario celebrar el día de la nación o el de las Fuerzas Armadas, se me ha venido a la cabeza una historia que me relató un antiguo compañero ya jubilado.
Hace unos años, un judío sefardí llegó a Toledo. Llevaba guardado en su equipaje una pequeña caja de madera muy deteriorada. En ella se escondía una llave y un plano muy tosco en el que aparecía marcada una calle y el número de una casa. Su familia, durante generaciones, había guardado la caja de madera con la esperanza de volver algún día a la casa de la que habían sido expulsados (que era suya o la sentía como suya).
Con el derecho que dan los siglos y el destierro, el judío encontró la calle y la casa que, milagros del tiempo, conservaba la misma numeración del siglo XV. Así, con esa magia que el destino posee, la puerta se abrió y entró. Al poco, llegó el dueño que, al encontrar a esta persona extraña, empezó a gritarle y a insultarle. El judío, en cambio, poseído del derecho adquirido por todos sus antepasados, le mostró el papel y la llave. El dueño, asombrado ante lo que veía, comprendió y acabó invitándole a almorzar. Aun sin poderse entender, ambos dueños, ambos toledanos, compartían la mesa con una sonrisa y el mejor vino de la casa.

No sé si la historia es real, pero puedo serlo. Si lo fuera, ¿qué sentido tendría el día de la nación? ¿No es la cultura quien establece lo que somos?

En homenaje a estos españoles os dejo un pequeño poema sefardita procedente de Sarajevo (Bosnia).



¿Por qué lloras, blanca niña?
¿Por qué lloras, blanca flor?
Lloro por vos caballero,
que vos vas y me dejás.

Me dejás, niña y muchacha,
chica y de poca edad.
Tengo niños chiquititos,
lloran y demandan pan.

Si demandan a su padre,
que repuesta les vo a dar?
metió la mano en el pecho,
sien dovlones le fue a dar.

¿Esto para qué m'abasta,
para vino o para pan?
si esto no vos abasta,
ya tienes d'onde tomar:

Venderés viñas y campos,
media patre de la sivdad.
venderés viñas y campos
de la patre de la mar.

Vos asperarés a los siete,
si no, a los ocho vos cazás,
tomarés un mancevico
que paresca tal y cual,
que se vista las mis ropas
sin sudar y sin manchar.

8.10.09

Trabajo duro

Reza en un viejo tablón de corcho la siguiente leyenda: “Trabajo duro, éxito seguro (o algo así, ya no me acuerdo)”. Y es cierto. Esta frase (casi desafiante) se encuentra en el cuarto de estudio de Juan Antonio González.

Desde que lo conocí, allá por los felices 80, ya escribía poemas. Deba igual el soporte en el que estuviera: en los apuntes de Lingüística, en la servilleta de un bar, en la mesa de la facultad o en el menú de de mi propia boda. Aunque el tema era al principio recurrente y obsesivo (lo jocoso-sexual), su maestría e ingenio corrían paralelos.

Más tarde, cuando los clásicos poblaban sus mesa, los versos se hicieron amorosos (eran las cosas de la edad florida) y entre apuntes y libros sobresalían poemas de indudable mérito.

Luego llegaron el trabajo, las hijas, la nerviosa cotidianeidad y los etcéteras de la vida, y sus versos miraban hacia dentro, pero siempre atento a la lectura y la reflexión poética. Pero siempre la misma cantinela: Lee este poema, ¿qué te parece?, muy bueno, Juan Antonio, suena raro, sí pero ya he pensado que, mira ... Luego los correos electrónicos, los blogs, Clarín... y después de tantos luegos, el tío cabrón me pregunta si voy a ir a la presentación de su primer libro de poesía . ¡Cómo para no ir! Pues, allí estaré, mamarracho.

P.D.: Disfrútalo, que la vida invita pocas veces, incluso trabajando duro.


P.D.: Jesús, también quedas felicitado, aunque no sé si tienes un tablón de corcho en tu cuarto.

7.10.09

Enrique y su capote

-Enrique, ¿no te das cuentas que todo el mundo se mete contigo?
-Me da igual... tengo para todos ( pa toh, en andaluz).

6.10.09

Un poema olvidado

Al final del paseo marítimo de Rota (Cádiz), en los costados de piedra encalada del Hotel Duque de Nájera, frente al mar, despreciado por los veraneantes, se encuentra un precioso poema escrito en un azulejo. Pertenece al escritor roteño Ángel García López. Como sabéis, se trata de un espléndido poeta con una larga trayectoria en el mundo de las letras y que ha sido galardonado en numerosas ocasiones (Adonais, Premio Nacional de Literatura…).
Aquí va. Si alguien no conoce Rota, os diré que la Costilla es el nombre de la playa donde se encuentra el paseo marítimo.

Palabras para colgar de una ventana rota
Este balcón da al mar.
Toco la espuma viajera, inagotable, de la orilla.
Sobre el balcón, volcado en la Costilla,
mis ojos dan al mar.
Lejos, la espuma dibuja un horizonte
que navega mi corazón.
Conozco cada grano de esa arena,
su nombre, su verano, su apellido.
Y el agua se me entrega
joven y dulce en la mañana.
Y canta su septiembre de sol.
En los cristales crece la flor de luz de los corales,
ruge lo azul de la escolar garganta del día.
Y aquel año, aquel desvelo que antaño fui, se asoma.
Y ve y en Rota esta ventana es mar,
y gaviota que le devuelve lo mejor del cielo.


Mester andalusí, 1978.

1.10.09

Arritmia

Aún recuerdo aquel día que destrocé el ritmo de palmas de los 53 compañeros que cantaban sevillanas en el autobús. “Tú, estate quieto” –me advirtieron.
Ese día descubrí que en el Olimpo no quisieron concederme el ritmo de rapsodas y juglares. Tampoco es lugar éste para decir qué me concedieron, pero el ritmo se lo quedaron otros. Tal vez falté el día del reparto, o no me invitó García Sol cuando, tomando café, ensañaba a hacer sonetos, o simplemente pensaron que iba ya bien cumplido, quién lo sabe. Por este motivo me aferro al verso libre más por necesidad, que como recurso, bien lo saben estos dioses julandrones. Por eso decidí que era mejor que los sáficos, melódicos, heroicos y enfáticos estuvieran en las manos de los 53 palmeros del autobús. Los silencios eran míos.

29.9.09

Lazos circenses

Si partimos de dos premisas como estas:
–que la realidad es testaruda y perseverante,
–que existen hilos invisibles que conectan mundos aparentemente distantes,
caeremos en la cuenta de que el maravilloso espectáculo del circo y el sistema educativo están íntimamente unidos.
Desde hace muchos años, a escasos metros de los institutos donde he trabajado, se han instalado circos. Este año, sin ir más lejos, nos ha tocado en turno el Circo Sensaciones. ¿Qué motivos hay? Parece como si alguien socarronamente nos advirtiera en secreto de que payasos, trapecistas y profesores van de la mano, o que los leones y los alumnos han de estar enjaulados, o que la mujer barbuda y los “coeducantes” son seres extraños.
El espectáculo año tras año está servido: el tutor-hombre bala se aventura a precipitarse sin red en el vacío inerme de las aulas mientras que el público-padres-madres-Ampa jalea tan singular número conscientes de que el espectáculo debe continuar.
Si alguien desea más pruebas, os diré que el año pasado, al pasar junto a la Consejería de Educación, la gran roulotte de los magos-políticos, pude comprobar que a 300 metros se encontraba el Circo del Sol.
Vean y crean.

28.9.09

Mitos

De pequeño vivía en una calle sin asfaltar. En aquel pueblo, a caballo entre la sierra y el Valle del Guadalquivir, aunque era pequeño, cabía toda la Arcadia.
Los mayores, para explicar determinados acontecimientos cotidianos, recurrían con frecuencia a una explicación mítica, a la fascinación de la leyenda. Recuerdo en especial una vez que, durante la noche, unos ganaderos trashumantes condujeron una manada de toros bravos y debían pasar por medio del pueblo.
A nosotros nos fabularon que eran unos forajidos que robaban ganado y que a continuación huían despavoridos.
La tarde antes nos preparaban avisándonos de que estos seres furtivos habían sido vistos por los alrededores.
A la mañana siguiente, al salir a la calle, veíamos las huellas de cientos de animales, notábamos su intenso olor y nos imaginábamos excitados cómo hubo de ser aquella noche, cómo debían de ser aquellos héroes que desafían a la muerte y a su propia vida.

24.9.09

Flash

Un dolor de hierro, un resquemor de cobre, la ansiedad del cobarde, el vuelo de una bala… y luego el paroxismo de la nieve, el silencio sin alma del quejigo, la verdina de la piedra. Silencio tras silencio y viento.
Miradas que miran, quebradas que se duelen. Un redoble de resuellos, la bofetada del frío: horror a manos llenas y la ventana que cierra este cementerio de habitaciones, de canas con rosario, de agujas sin costura. Solo una bala, la nieve, el frío, la cobardía, un vaso de incredulidad, palabras arrojadas por un barranco, astilladas, partidas, aplastadas como en un yunque. No las quiero porque no sirven, no.

P.D.: Un día así lo tiene cualquiera.

22.9.09

Bucle

Con frío de alambre,
el cristal de los aviones
dispara sueños antiguos,
golpes de miedo.
Acercando la cara,
percibimos el límite
invisible de los mundos:
los días pasados, el espejo del presente,
el nido casi negro de la noche.
Mientras que sus alas devoran el espacio,
los cristales sobrevuelan
los límites del tiempo.
Viajo solo.


A pesar de que el blog está moribundo, os dejo alguna señal de vida. Perdonadme por no responder los comentarios de las últimas entradas ni leer vuestras publicaciones, pero la vuelta a la “normalización” no está siendo nada normal. Un abrazo a todos.

17.9.09

Una piedrecita más...

Sé que no soy objetivo ni imparcial. También sé que la medida se hace para adecuar el horario laboral de los padres con el escolar además de obligar al profesorado a permanecer más tiempo en su lugar de trabajo. En cualquier caso, ¿tiene sentido que un niño de 11 ó 12 años (insisto niño) tenga un horario escolar de 8.15h a 14.45h?
Si hacemos cuentas, son 6 horas y media de estancia diaria en el centro. Si a ello se le suma una media de 2 horas y media estudiando y haciendo deberes, resulta que coincide con el horario laboral de los padres. ¡Un acierto, sí señor!
¿Quién es capaz de mantener un adecuado grado de atención 8 horas al día durante 9 meses? En mi caso, ni estudiando oposiciones, llegué a ese extremo.
¿Qué piensan, pues, en la Consejería de Educación tantos expertos educativos-pedagógicos-políticos-cutres? ¿Para qué vale la autonomía del centro, de qué sirve tanto curso, tanto CEP si a la postre un trepa político (que no tiene ni idea de educación ni le interesa) hace lo que se le venga en gana?

14.9.09

Letra pequeña

La agudeza de relojero se ha ido. Veo menos, es cierto. La letra pequeña voló por los aires, huyó de mí, cansada de tanto verme, tal vez porque tiene el sabor de la traición, de lo que se desea esconder. Por ello, mi presbicia y yo renunciamos a ella y nos declaramos defensores de la letra grande, de los pechos generosos, de los pezones sin límite, como la B mayúscula.

P.D.: Mañana pediré cita al oftalmólogo.

11.9.09

Haiku on the road

Aun sabiendo que el haiku es un subgénero menor, no me resisto a mostraros uno que se gestó ayer mientras conducía. No sé si la DGT me quitará algún punto por eso de ir distraído mientras se conduce. Supongo que las penalizaciones vendrán a partir de estrofas de cinco versos (por lo del premio). Si a alguien no le gusta, aplíquese el Principio de la encimera, del que Javier dio cumplida cuenta en su penúltima entrada. Por cierto, ya que hablamos de encimeras, le hago publicidad a mi “cuñao”.

Sobre la línea
continua de la vida,
un perro muerto.

9.9.09

Encrucijada de inadaptados

Tras casi dos meses de ocio, es hora del negocio. Huido en la aldea, abandonado en el mar, regreso a la corte con menosprecio e indolencia. Sinceramente, el estado natural del hombre no ha de ser otro que el del ocio: un primate que observa cuán fútiles son las horas del presente, cómo crecen los hijos o cómo de rumorosos son sus propios cuescos. Debemos entender el ocio en su sentido primitivo, es decir, el tiempo para pensar, vivir y adaptarse a los ciclos de la vida.
Ahora, en cambio, vuelvo a la rutina, a lo predecible, a la alienación del trabajo.

Pensaba que iba a retomar la actividad de publicar con más entusiasmo, pero todo lo contrario, ni ganas. Espero que se me pase pronto esto que llaman ahora “inadaptación postvacacional transitoria”, como si acomodarse a la vida fuera sencillo. Lo peor de la adaptación está en lo que la propia palabra esconde, esto es, cambiar para que todo siga igual.

P.D.: Un saludo muy fuerte para todos. Espero ponerme al día en vuestros blogs antes de febrero.
P.D.: Gracias, Javier, por los libros que me has hecho llegar.