Sinceramente, siento un poco de pena cuando escucho en anuncios televisivos versiones de canciones antiguas de artistas españoles que mis hijos jamás han oído.
En general hay una actitud de desprecio en mucha gente que no le da valor a lo que se ha realizado aquí, porque parece que la cultura anglosajona por definición es mejor. Además, por el simple hecho de que estas composiciones se realizaran en la época franquista no merecen la menor atención. En ocasiones a estas obras se les concede un cierto valor costumbrista o simplemente afectivo y por este motivo son salvadas del olvido. Este menosprecio lo podemos aplicar a poetas, pintores, arquitectos y un largo etcétera.
Os pongo el vídeo de la canción que me ha hecho escribir esta entrada.
26.6.09
24.6.09
Humo
A veces, durante las noches de invierno, cuando la lluvia confunde las fronteras del tiempo, alguien deja entreabiertas las puertas del paraíso. Es entonces cuando la niebla sale lentamente con olor a humo y vierte por todos lados pequeñísimas gotas de eternidad.
Como animales salvajes, los naranjos beben enloquecidos su esencia dulce y la mezclan en la savia con su veneno verde.
En la vieja aldea china de Es Thi Ghia, cerca del río Le-Te, el anciano Kha Hron Te cuenta que, durante los primeros días de primavera, los naranjos abren sus puños de nácar y conceden a los hombres el escaso aliento de la inmortalidad, pero solo el leve instante que el humo tarda en borrarse del cielo.
P.D.: Juan Antonio, lo prometido es deuda. Hice lo que pude.
Como animales salvajes, los naranjos beben enloquecidos su esencia dulce y la mezclan en la savia con su veneno verde.
En la vieja aldea china de Es Thi Ghia, cerca del río Le-Te, el anciano Kha Hron Te cuenta que, durante los primeros días de primavera, los naranjos abren sus puños de nácar y conceden a los hombres el escaso aliento de la inmortalidad, pero solo el leve instante que el humo tarda en borrarse del cielo.
P.D.: Juan Antonio, lo prometido es deuda. Hice lo que pude.
23.6.09
Llegó el verano
Empieza un periodo del año en el que se vive en la calle y se disfruta de la naturaleza. Pero también es una época de lecturas y de introspección. Para mí es uno de los mejores momentos para leer, especialmente poesía, ya que el ritmo vertiginoso de la vida se amansa.
He iniciado ya este camino con un libro de José Julio Cabanillas que compré en la Feria del libro pasada: Palabras de demora (Renacimiento, 1994). Es un libro no demasiado reciente pero muy hermoso.
Como pienso que los blogs tienen, además, una magnifica función divulgadora, os invito a leer uno de sus poemas.
Aquello que en ti amo, lo que importa,
no encuentra su lugar en mis palabras.
Una rara pasión por los crepúsculos
o las nubes que alzan un ficticio universo
siempre acaban dejando un poso amargo,
y sin calor las manos regresan del poema.
Y tu modo tan correcto de elevar la cabeza, y tantos gestos tuyos
aún siguen aguardando. Se debiera
nombrar un Paraíso y a la vez tu mirada. Si fracaso
habitaré un Infierno silencioso,
allá en los albos limbos de las literaturas.
José Julio Cabanillas: Palabras de demora. Renacimiento, 1994.
He iniciado ya este camino con un libro de José Julio Cabanillas que compré en la Feria del libro pasada: Palabras de demora (Renacimiento, 1994). Es un libro no demasiado reciente pero muy hermoso.
Como pienso que los blogs tienen, además, una magnifica función divulgadora, os invito a leer uno de sus poemas.
Aquello que en ti amo, lo que importa,
no encuentra su lugar en mis palabras.
Una rara pasión por los crepúsculos
o las nubes que alzan un ficticio universo
siempre acaban dejando un poso amargo,
y sin calor las manos regresan del poema.
Y tu modo tan correcto de elevar la cabeza, y tantos gestos tuyos
aún siguen aguardando. Se debiera
nombrar un Paraíso y a la vez tu mirada. Si fracaso
habitaré un Infierno silencioso,
allá en los albos limbos de las literaturas.
José Julio Cabanillas: Palabras de demora. Renacimiento, 1994.
19.6.09
17.6.09
Un ochentañero con estoque
Esta mañana, después de dejar los niños en el colegio, presencié un acto de heroísmo. Un ochentañero que avanzaba con gran dificultad por la acera, luchando contra el parkinson y su cuerpo cadavérico, se topó con un flamante Mercedes que le dificultaba el paso. El anciano intentó rayar el coche con su muleta (o estoque, diría yo) mientras que balbuceaba insultos inaudibles, tal era su endeblez. Solo diré que lo intentó, porque fuerzas no tenía. Los dueños del coche, un matrimonio que desayunaba algunos metros más allá y que lógicamente no podía abandonar su vehículo en uno de los espacios libres de las proximidades, montaron en cólera y les decía a todos los que pasaban que no entendían el comportamiento de este hombre.
Sinceramente, no justifico estas acciones pero, en este caso, me entraron ganas de ayudarlo. Creo, en verdad, que me sentí un poco cobarde.
Para mí, la educación no radica solo en la formación académica, ni en las buenas maneras sociales. La educación consiste en dominar nuestro egoísmo y ponernos en el sitio de los demás, qué carajo.
He aquí la moraleja de hoy.
Sinceramente, no justifico estas acciones pero, en este caso, me entraron ganas de ayudarlo. Creo, en verdad, que me sentí un poco cobarde.
Para mí, la educación no radica solo en la formación académica, ni en las buenas maneras sociales. La educación consiste en dominar nuestro egoísmo y ponernos en el sitio de los demás, qué carajo.
He aquí la moraleja de hoy.
10.6.09
Diez céntimos
De niño vivía en Peñaflor, un pequeño pueblo sevillano junto al Guadalquivir limítrofe con Córdoba. Recuerdo que en la época de la recogida de la aceituna, la vendimia, la remolacha o el algodón media clase desaparecía de la escuela para acompañar e, incluso, ayudar a sus padres en estas labores. Luego, tras su regreso, casi ninguno aprobaba y terminaban acumulando retrasos en su formación curso tras curso. En estos años, además, era habitual que familias enteras emigraran a sitios tan lejanos como Cataluña, Suiza o Alemania.
En la mentalidad de un niño (me estoy acordando de John Boyne) aquello era visto con normalidad e incluso con esperanza, pues se adivinaba un futuro mejor, a pesar incluso de que los que se marchaban eran tus mejores amigos.
Se me viene a la memoria una tarde en el patio de una casa vacía (pues sus dueños ya habían emigrado), sentados todos mis amigos en círculo sobre la tierra, cuando enterramos una moneda de diez céntimos y nos conjuramos para reencontrarnos allí mismo muchos años después. Fue el último día que vi a mi amigo Viñuela, un niño que se fue a Barcelona y que pintaba como los ángeles.
P. D.: Hoy no hablaré, aunque no me faltan ganas, de la deuda histórica de Andalucía, ni de su manipulación política, ni de la distribución de la riqueza, ni del abandono secular de los pueblos andaluces, ni del desarraigo, ni del olvido de los que se fueron, ni de la incultura impuesta, ni de nada más.
En la mentalidad de un niño (me estoy acordando de John Boyne) aquello era visto con normalidad e incluso con esperanza, pues se adivinaba un futuro mejor, a pesar incluso de que los que se marchaban eran tus mejores amigos.
Se me viene a la memoria una tarde en el patio de una casa vacía (pues sus dueños ya habían emigrado), sentados todos mis amigos en círculo sobre la tierra, cuando enterramos una moneda de diez céntimos y nos conjuramos para reencontrarnos allí mismo muchos años después. Fue el último día que vi a mi amigo Viñuela, un niño que se fue a Barcelona y que pintaba como los ángeles.
P. D.: Hoy no hablaré, aunque no me faltan ganas, de la deuda histórica de Andalucía, ni de su manipulación política, ni de la distribución de la riqueza, ni del abandono secular de los pueblos andaluces, ni del desarraigo, ni del olvido de los que se fueron, ni de la incultura impuesta, ni de nada más.
8.6.09
La última Luna
Después de casi 14 años con mi perra Luna, hoy, viendo que el cáncer la mataba, he decidido sacrificarla yo antes. Creo que ella lo hubiera hecho también por mí.
Le he dado su última salchicha y después la he llevado a la veterinaria.
Tenía pensado hablar de otra cosa pero no es el mejor día para mí.
A mi perra le dedicaré próximamente una entrada o dos, se las merece, pero antes aquí va en su honor un poema del sevillano Francisco Guerrero (1528 - 1599) . Imagino que en la isla de Canora habrá algún sitio para ella. Ya me lo gestionará Jesús Cotta.
Prado verde y florido
Prado verde y florido, fuente clara,
alegres arboledas y sombrías;
pues veis las penas mías cada hora,
contadlas blandamente a mi pastora;
que, si conmigo es dura,
quizá la ablandará vuestra frescura.
El fresco y manso viento que os alegra
está de mis suspiros inflamado,
y, pues que os ha dañado hasta agora,
pedid vuestro remedio a mi pastora;
que, si conmigo es dura,
quizá la ablandará vuestra frescura.
Le he dado su última salchicha y después la he llevado a la veterinaria.
Tenía pensado hablar de otra cosa pero no es el mejor día para mí.
A mi perra le dedicaré próximamente una entrada o dos, se las merece, pero antes aquí va en su honor un poema del sevillano Francisco Guerrero (1528 - 1599) . Imagino que en la isla de Canora habrá algún sitio para ella. Ya me lo gestionará Jesús Cotta.
Prado verde y florido
Prado verde y florido, fuente clara,
alegres arboledas y sombrías;
pues veis las penas mías cada hora,
contadlas blandamente a mi pastora;
que, si conmigo es dura,
quizá la ablandará vuestra frescura.
El fresco y manso viento que os alegra
está de mis suspiros inflamado,
y, pues que os ha dañado hasta agora,
pedid vuestro remedio a mi pastora;
que, si conmigo es dura,
quizá la ablandará vuestra frescura.
5.6.09
El gorrión sintáctico
Fue por mayo, aprovechando el frescor de la mañana, cuando por primera vez se detuvo sobre el alféizar de la ventana (junto a la mesa del profesor donde daba clase). Me miró con descaro, nos miramos y, al poco, se fue.
Días más tarde, volvió a detenerse en el mismo sitio. Aunque al principio lo miraba con disimulo, más tarde me olvidaba de él y continuaba con mi clase de sintaxis oracional. Ejemplo tras ejemplo, subordinada tras subordinada, el gorrión seguía la pizarra a través del cristal con más interés que la mayoría de mis alumnos. Así estuvo varios días hasta que dejé la sintaxis y empecé la literatura.
3.6.09
Momentos mágicos
Como algunos sabéis, hace un tiempo publiqué una entrada llamada Diógenes contra Pepe el malagueño en la que, a partir de una servilleta, realizaba una serie de reflexiones sobre su persona. Meses más tarde, os mostraba La servilleta, haciendo especial hincapié en el eslogan de la heladería de Pepe el Malagueño: Suave como el primer beso. Hasta aquí, nada reseñable. Pero, hace unos 15 días, recibí con sorpresa la respuesta de Zaka, su nieta. Ella me contaba que a su abuelo le había gustado mucho lo que de él se decía y me enviaba su agradecimiento, además de pedirme que le dijera quién era yo (eso es lo que tiene utilizar este pseudónimo de Miradmealmenos). Pues bien, el pasado sábado fui acompañado de unos familiares a pasar el día a Barbate y lógicamente, después de almorzar maravillosamente (¡qué atún, dios mío!), nos pasamos por uno de sus establecimientos heladeros. Al llegar, su hijo nos saludo con gran cortesía y nos relató –sin que nadie supiera nada– que todo iba muy bien, que su padre se encontraba de maravilla y que incluso un profesor (desconocido) había puesto en internet algo muy bonito sobre él. Mi mujer, que es como es, me dejó desnudo como un calamar y le insinuó que era yo. A continuación llamó a su padre por teléfono y se personó antes de que acabáramos los helados. Pepe me saludó y se mostró agradecido. Luego charlamos un rato, recordamos a los que faltaban y nos invitó caballerosamente a los helados. Al despedirnos, nos pidió que visitáramos la nueva heladería que habían abierto recientemente en el paseo marítimo. Pero, cuál fue mi sorpresa que me encontré en el mostrador, magníficamente enmarcada, la entrada que meses antes había publicado sobre él. Sin duda, fue un momento muy bonito que recordaré siempre. Desde aquí les mando un fuerte abrazo a Pepe y su familia.
Os dejo la foto para que la disfrutéis.
P.D.: Por cierto, el helado al Pedro Ximénez, indescriptible.
Os dejo la foto para que la disfrutéis.
P.D.: Por cierto, el helado al Pedro Ximénez, indescriptible.
1.6.09
Soy bético
Soy bético, pero no lo fui siempre. De niño fui del Ath. de Bilbao, porque mi padre también lo era. Aunque me caía muy bien, hasta los once o doce años no me sentí bético. Con los años, ya en el instituto, unos amigos me invitaron a algún partido. Disfruté tanto que acabé sacándome el carné al año siguiente. Así, hasta ahora, más de 25 años. Con decir que tengo el carné de socio n.º 1156, lo digo todo.
Durante los primeros años, entre la cara de niño que tenía y el afeitado profundo al que me sometía, pasaba por ser un juvenil. Más tarde ingenié un sistema para mantener eternamente la juventud: fotocopiaba el DNI y, mientras estaba caliente la copia, borraba el último número y anotaba el que correspondía (entonces los DNI se escribían a mano). Después lo volvía fotocopiar. El resultado era muy eficaz. Así hasta que la barba y el bigote se manifestaron.
Pero, hoy no voy a hablar más de mí, ni del sentimiento bético (ser bético es un sentimiento complejo percibido de formas muy diferentes). Tampoco voy hablar del fatalismo bético, que existe (vaya que si existe) ni de el sistema tiránico al que está sometido, ni de los colores, ni de los 365 días (o años) de infierno que se nos avecinan, sino de los sentimientos de ayer: tristeza, mucha tristeza. Los más niños y jóvenes rompieron a llorar, a resoplar, a preguntar si era verdad, a romper su incredulidad. Los más veteranos solo nos mirábamos y esbozábamos una lacónica mueca de asentimiento: Ya´stá. Al rato, las explicaciones ontológico-deportivas, los culpables, los acusados, los de siempre (porque siempre están los mismos desde hace décadas) y el ya´stá.
Después, como en otras “catástrofes”, nos tocó a los más veteranos consolar a los hijos, a los compañeros de asiento, a todos. Al fin y al cabo, ya hemos descendido a muchos infiernos en la vida y qué importa uno más. Lo peor fue tener que darle sentido a las camisetas regaladas en reyes, al barro deshecho de los ídolos, a la insignificancia del fútbol, al fracaso colectivo. Sin duda, un día del que aprendimos todos y del que nos acordaremos cuando ganemos la quinta Copa de Europa y la octava liga. Tiempo al tiempo. ¡Tiembla Europa, volveremos!
Musho Betis.
P.D: Desde hoy creo una nueva etiqueta.
Durante los primeros años, entre la cara de niño que tenía y el afeitado profundo al que me sometía, pasaba por ser un juvenil. Más tarde ingenié un sistema para mantener eternamente la juventud: fotocopiaba el DNI y, mientras estaba caliente la copia, borraba el último número y anotaba el que correspondía (entonces los DNI se escribían a mano). Después lo volvía fotocopiar. El resultado era muy eficaz. Así hasta que la barba y el bigote se manifestaron.
Pero, hoy no voy a hablar más de mí, ni del sentimiento bético (ser bético es un sentimiento complejo percibido de formas muy diferentes). Tampoco voy hablar del fatalismo bético, que existe (vaya que si existe) ni de el sistema tiránico al que está sometido, ni de los colores, ni de los 365 días (o años) de infierno que se nos avecinan, sino de los sentimientos de ayer: tristeza, mucha tristeza. Los más niños y jóvenes rompieron a llorar, a resoplar, a preguntar si era verdad, a romper su incredulidad. Los más veteranos solo nos mirábamos y esbozábamos una lacónica mueca de asentimiento: Ya´stá. Al rato, las explicaciones ontológico-deportivas, los culpables, los acusados, los de siempre (porque siempre están los mismos desde hace décadas) y el ya´stá.
Después, como en otras “catástrofes”, nos tocó a los más veteranos consolar a los hijos, a los compañeros de asiento, a todos. Al fin y al cabo, ya hemos descendido a muchos infiernos en la vida y qué importa uno más. Lo peor fue tener que darle sentido a las camisetas regaladas en reyes, al barro deshecho de los ídolos, a la insignificancia del fútbol, al fracaso colectivo. Sin duda, un día del que aprendimos todos y del que nos acordaremos cuando ganemos la quinta Copa de Europa y la octava liga. Tiempo al tiempo. ¡Tiembla Europa, volveremos!
Musho Betis.
P.D: Desde hoy creo una nueva etiqueta.
28.5.09
Manha do Carnaval
Hoy comparto con vosotros una canción que de vez en cuando necesito escuchar. Se trata de una canción que procede de la banda sonora de la película Orfeo negro (1959). La canción se nos presenta desnuda, hermosa, limpia, ingenua, dulce… seguiría con el diccionario de sinónimos varios días. Ya me diréis. Por cierto, trascribo la letra en portugués. Creo que no necesita traducción.
MANHA DO CARNAVAL
(Luiz Bonfa & Antonio Maria)
Manha, tao bonita manha
De um dia feliz que chegou
O sol neceu surgiu
E em cada cor brilhou
Voltou o sonho entao
Ao coracao
Depois deste dia feliz
Nao sei se outro dia havera
E' nossa amanha
Tao bela afinal manha
De carnaval
Manhã tão bonita manhã
Na vida uma nova canção
cantando só teus olhos
teu riso e tuas mãos
pois há de haver um dia
em que virás
das cordas do meu violão
que só teu amor procurou
vem uma voz
falar dos beijos
perdidos nos lábios teus
canta o meu coração alegria voltou
tão feliz a manhã desde amor.
MANHA DO CARNAVAL
(Luiz Bonfa & Antonio Maria)
Manha, tao bonita manha
De um dia feliz que chegou
O sol neceu surgiu
E em cada cor brilhou
Voltou o sonho entao
Ao coracao
Depois deste dia feliz
Nao sei se outro dia havera
E' nossa amanha
Tao bela afinal manha
De carnaval
Manhã tão bonita manhã
Na vida uma nova canção
cantando só teus olhos
teu riso e tuas mãos
pois há de haver um dia
em que virás
das cordas do meu violão
que só teu amor procurou
vem uma voz
falar dos beijos
perdidos nos lábios teus
canta o meu coração alegria voltou
tão feliz a manhã desde amor.
25.5.09
El espino rojo
Enfermo de amor, el espino buscaba la amapola. Presentía su hermosura entre la verdura del río y un inmenso rescoldo de retamas.
A todos preguntaba, pero todos le mentían: “Se la llevó el trigo”, “Se abrazó al olivo”.
Loco de soledad, perdido en la ribera, sintió que sus espinas cortaban la fragilidad de su talle, que moría de muerte, se moría.
Aun así, la amó con los cuchillos del alma, con la amarga savia de sus hojas, hasta que la seda de sus pétalos se tornó oscura.
Hay quien dice que la belleza de la rosa nació del deseo imposible del espino y del rojo ensangrentado de la amapola. Otros, en cambio, cuentan que el aroma fugaz de la rosa recuerda el fragor de la retama, los celos del trigo y la sombra del río.
A todos preguntaba, pero todos le mentían: “Se la llevó el trigo”, “Se abrazó al olivo”.
Loco de soledad, perdido en la ribera, sintió que sus espinas cortaban la fragilidad de su talle, que moría de muerte, se moría.
Aun así, la amó con los cuchillos del alma, con la amarga savia de sus hojas, hasta que la seda de sus pétalos se tornó oscura.
Hay quien dice que la belleza de la rosa nació del deseo imposible del espino y del rojo ensangrentado de la amapola. Otros, en cambio, cuentan que el aroma fugaz de la rosa recuerda el fragor de la retama, los celos del trigo y la sombra del río.
20.5.09
Haiku al modo pastiche
Sinceramente, no sé de dónde sacáis el tiempo para publicar a diario y comentar en vuestros blogs amigos. ¡Misterios del universo!
Viéndome hoy un poco agobiado por la necesidad de publicar algo, he acabado profundizando en les esencias líríacas del haiku, hasta tal punto que las raíces del poema han llegado al mismísimo Japón. Aquí lo tenéis.
Satsuma sushi
catana zen tatami
dayro funea.
P.D.: Espero que mi amiga Rosna no se enfade.
Viéndome hoy un poco agobiado por la necesidad de publicar algo, he acabado profundizando en les esencias líríacas del haiku, hasta tal punto que las raíces del poema han llegado al mismísimo Japón. Aquí lo tenéis.
Satsuma sushi
catana zen tatami
dayro funea.
P.D.: Espero que mi amiga Rosna no se enfade.
18.5.09
La noche del aguacero
Hace unos días escuché al poeta Félix Grande hablar de la poesía y, en concreto, de la esencia lírica en estado puro que se podía encontrar en las letras flamencas. Él ponía como ejemplo una soleá, una composición popular de 24 sílabas (8a 8- 8a) en la que se condensa un sentimiento, en este caso, los celos. Sin duda, el ejemplo que propuso fue absolutamente magistral:
La noche del aguacero
dime dónde te metiste
que no te mojaste el pelo.
¿Se podría decir más con menos (o con tanto)?
14.5.09
El antídoto
Siempre imaginé que los árboles tenían vida. Pensaban, sentían y observaban con perplejidad el fiero teatro de los hombres.
Aquella higuera me confesó un día que el aroma del jazmín nacía del pozo de la vida, (muy cercano de las entrañas de la muerte). También me reveló que, al regarlo, concedíamos vida a la vida, pero que, de noche, la muerte abría sus flores para que su esencia ocultara la nausea del miedo, el horror a no ser nada.Por eso, cuando dormimos cerca de un jazmín, olvidamos su presencia y acabamos soñando con los días eternos de la infancia.
Aquella higuera me confesó un día que el aroma del jazmín nacía del pozo de la vida, (muy cercano de las entrañas de la muerte). También me reveló que, al regarlo, concedíamos vida a la vida, pero que, de noche, la muerte abría sus flores para que su esencia ocultara la nausea del miedo, el horror a no ser nada.Por eso, cuando dormimos cerca de un jazmín, olvidamos su presencia y acabamos soñando con los días eternos de la infancia.
13.5.09
Crónica familiar
Como ya sabéis, el pasado sábado celebramos la 1ª Comunión de mi hija. Tanto la ceremonia como la celebración fueron inolvidables. Lo mejor de todo fue la ilusión y la alegría con que mi hija afrontó lo que se le vino encima. Día grande, sí señor.
Para mí, además de la felicidad de mi hija, lo mejor fue el encuentro con la familia (que cada vez resulta más difícil de ver). Por supuesto, el recuerdo doloroso de los ausentes: de mi padre, de mis tíos (puta parca).
Volver a vernos, compartir la comida, reírnos, preguntarnos para saber cómo nos maltrata la vida, comprobar el desgaste de mi tío (con la misma voz y aspecto de mi padre), la demencia senil de mi tía, el esplendor juvenil de los sobrinos, la algarabía de los niños, y los apretadísimos abrazos de todos, como de quien se aferra a un paraíso perdido.
Tus hijos, los míos; mis problemas, los tuyos; ¡qué gordito estás!; ¡vaya tela el Betis!; ¿más Rioja?; ¿cuándo vas a venir, que tus novias te echan de menos…?
¡Como si los días no pasaran! Y un poso triste al despedirnos.
Para mí, además de la felicidad de mi hija, lo mejor fue el encuentro con la familia (que cada vez resulta más difícil de ver). Por supuesto, el recuerdo doloroso de los ausentes: de mi padre, de mis tíos (puta parca).
Volver a vernos, compartir la comida, reírnos, preguntarnos para saber cómo nos maltrata la vida, comprobar el desgaste de mi tío (con la misma voz y aspecto de mi padre), la demencia senil de mi tía, el esplendor juvenil de los sobrinos, la algarabía de los niños, y los apretadísimos abrazos de todos, como de quien se aferra a un paraíso perdido.
Tus hijos, los míos; mis problemas, los tuyos; ¡qué gordito estás!; ¡vaya tela el Betis!; ¿más Rioja?; ¿cuándo vas a venir, que tus novias te echan de menos…?
¡Como si los días no pasaran! Y un poso triste al despedirnos.
7.5.09
Revisión de niveles
Autochequeo realizado el 7 de mayo de 2009:
-Nivel lírico: 1 (casi inexistente, como el de Ibarretxe).
-Nivel narrativo: 2 (para cuentos estoy)
-Biorritmos: 2 (de lentos a apamplaos).
-Alergias varias: 10 (hasta las trancas).
-Nivel porculero: 9 (y subiendo).
-Líbido: X (de poniente a levante).
-Cansancio: 9 (el habitual para un jueves).
-Interrelacionizaciones: ¡Mande!
-Nivel crítico: 8 (de inconfesable a inefable).
-Nivel blogoideo: 1 (no me aguanto ni yo).
-Nivel “esto es lo que hay”: 10 (¿la raya roja es el máximo?).
-Nivel competencia: 1 (progresa inadecuadamente).
-Ansiedad tabaquil: 10 (¿Julio, cómo estás de Chester?).
P.D.: Pues sí, estaré varios días sin publicar porque tengo este sábado la 1ª comunión de mi hija y viene familia y bla, bla, bla.. Ya os contaré.
-Nivel lírico: 1 (casi inexistente, como el de Ibarretxe).
-Nivel narrativo: 2 (para cuentos estoy)
-Biorritmos: 2 (de lentos a apamplaos).
-Alergias varias: 10 (hasta las trancas).
-Nivel porculero: 9 (y subiendo).
-Líbido: X (de poniente a levante).
-Cansancio: 9 (el habitual para un jueves).
-Interrelacionizaciones: ¡Mande!
-Nivel crítico: 8 (de inconfesable a inefable).
-Nivel blogoideo: 1 (no me aguanto ni yo).
-Nivel “esto es lo que hay”: 10 (¿la raya roja es el máximo?).
-Nivel competencia: 1 (progresa inadecuadamente).
-Ansiedad tabaquil: 10 (¿Julio, cómo estás de Chester?).
P.D.: Pues sí, estaré varios días sin publicar porque tengo este sábado la 1ª comunión de mi hija y viene familia y bla, bla, bla.. Ya os contaré.
6.5.09
Sabiduría publicitaria
Poco después de despertarnos, cuando ya es posible hablarnos --porque antes somos dos zoombies de serie B-- y antes de despedirnos porque cada uno se va a su trabajo y no nos vemos hasta el mediodía, alguno incia entre dientes la siguiente frase: Si tu vida sexual va bien (que no va)... y el otro responde: lo demás no importa.
Luego, una sonrisa, un beso y un suspiro.
Luego, una sonrisa, un beso y un suspiro.
4.5.09
La servilleta
Hace unos meses escribí algo sobre mi manía de guardar objetos del pasado como un modo de detener el tiempo (Diógenes contra Pepe el Malagueño) y lo personalizaba en una servilleta perdida entre las páginas de mi Sombra del Paraíso, de Vicente Aleixandre. Hoy me la he vuelto a encontrar y no me he resistido a ponerla. Disfrútenla porque es una auténtica maravilla. En una frase (creo que es un octosílabo) se encierra un magnífico poema.
27.4.09
El extraño caso de Márgara Sáenz
Supe del siguiente poema hace ya unos años. Aparecía como broche final de la exquisita Antología de la lírica amorosa de Vivens Vives. El texto tenía como autora una tal Márgara Sáenz, una autora ecuatoriana que nació en 1937 y murió en 1964. En aquellos tiempos analógicos (quien los pillare), sin la alargada mano de internet, traté de informarme sobre su autora. Así, pregunté a amigos expertos en literatura hispanoamericana, busqué en varias bibliotecas de Filología (Dante, Manuales y el departamento de hispanoamericana) sin que lograra dato alguno.
Olvidado el poema, lo volví a recuperar hace unos días al buscar otro texto de dicha antología. Pero ahora sí, internet ha desempolvado la oscuridad de los tiempos y me ha permitido saber más de la enigmática poeta. Por cierto, me llamaba la atención que el texto fuera escrito por una mujer. Al leer el poema lo comprenderéis.
Ante mi sorpresa, me encuentro con una historia tan literaria como apasionante. Ya me contaréis cuando la leáis.
El poema trata el tema del amor perdido y a la vez evocado. En este caso se fusionan de forma sobresaliente dos planos: el temporal (el pasado feliz y el presente doloroso) y el personal. Por otra parte, la impudicia de los sentimientos y de las experiencias aludidas cobra aquí una dimensión muy lírica. Léanlo y, si les gusta, reléanlo varias veces. Merecerá la pena.
Otra vez Amarilis
El tiempo ha pasado y vuelves a mi memoria.
Tu auto trepando hacia la sierra, la Cream-Rica
¿recuerdas?, volteando a la derecha, todos esos moteles.
Entonces éramos nosotros; no tú, no yo. Me quiérote,
te gózame, me amándonos, decíamos.
¿A quién llevas ahora? Contigo entre las piernas
¿quién pega de alaridos y triza los espejos
donde nos repetíamos bestiales y dulcísimos?
¿Qué otro vientre recibe tu miel mía, peruano? Di
qué frívola puta, qué sórdida hipócrita limeña,
qué casada cuidadosa del cornudo.
Hijo de perra, ¿lo haces? Pero allí no, nunca, con
nadie vuelvas a la habitación 35. Que se te
muera para siempre, que se te pudra si regresas.
Una vez dije allí no ¿recuerdas?, dije después
donde quieras. Tú me observabas igual que un
entomólogo, eras un médico lascivo examinando
una muchacha muerta de amor: no hables, eres
una muñeca, un cuerpo sin voluntad, y me
tocabas probándome y fui un durazno de esos
que se abren con la mano.
Un durazno, dijiste a mis espaldas, a la luz de la tarde,
separando con suavidad mis carnes, descubriendo
lo que ni yo conozco, mi zona más oscura, la que
guarda esa caricia atroz, obscena y tuya que no olvido.
Júralo: no has de volver a esa cama con nadie. Me has
negado tu cuerpo, el que gustaba mirar
impúdico y erecto viniendo a mí, el tuyo
que era el mío. Concédeme esto entonces: anda a
otro sitio a hacer tus porquerías.
O vuelve a la habitación 35. El tiempo ha pasado,
ya no hay sino recuerdos y Amarilis qué puede
sino juntar palabras. Ahora somos tú y yo, no
existe más nosotros. Uno y uno, dos solos: yo
esa mierda que tú soy y yo añoras, desgraciado.
Olvidado el poema, lo volví a recuperar hace unos días al buscar otro texto de dicha antología. Pero ahora sí, internet ha desempolvado la oscuridad de los tiempos y me ha permitido saber más de la enigmática poeta. Por cierto, me llamaba la atención que el texto fuera escrito por una mujer. Al leer el poema lo comprenderéis.
Ante mi sorpresa, me encuentro con una historia tan literaria como apasionante. Ya me contaréis cuando la leáis.
El poema trata el tema del amor perdido y a la vez evocado. En este caso se fusionan de forma sobresaliente dos planos: el temporal (el pasado feliz y el presente doloroso) y el personal. Por otra parte, la impudicia de los sentimientos y de las experiencias aludidas cobra aquí una dimensión muy lírica. Léanlo y, si les gusta, reléanlo varias veces. Merecerá la pena.
Otra vez Amarilis
El tiempo ha pasado y vuelves a mi memoria.
Tu auto trepando hacia la sierra, la Cream-Rica
¿recuerdas?, volteando a la derecha, todos esos moteles.
Entonces éramos nosotros; no tú, no yo. Me quiérote,
te gózame, me amándonos, decíamos.
¿A quién llevas ahora? Contigo entre las piernas
¿quién pega de alaridos y triza los espejos
donde nos repetíamos bestiales y dulcísimos?
¿Qué otro vientre recibe tu miel mía, peruano? Di
qué frívola puta, qué sórdida hipócrita limeña,
qué casada cuidadosa del cornudo.
Hijo de perra, ¿lo haces? Pero allí no, nunca, con
nadie vuelvas a la habitación 35. Que se te
muera para siempre, que se te pudra si regresas.
Una vez dije allí no ¿recuerdas?, dije después
donde quieras. Tú me observabas igual que un
entomólogo, eras un médico lascivo examinando
una muchacha muerta de amor: no hables, eres
una muñeca, un cuerpo sin voluntad, y me
tocabas probándome y fui un durazno de esos
que se abren con la mano.
Un durazno, dijiste a mis espaldas, a la luz de la tarde,
separando con suavidad mis carnes, descubriendo
lo que ni yo conozco, mi zona más oscura, la que
guarda esa caricia atroz, obscena y tuya que no olvido.
Júralo: no has de volver a esa cama con nadie. Me has
negado tu cuerpo, el que gustaba mirar
impúdico y erecto viniendo a mí, el tuyo
que era el mío. Concédeme esto entonces: anda a
otro sitio a hacer tus porquerías.
O vuelve a la habitación 35. El tiempo ha pasado,
ya no hay sino recuerdos y Amarilis qué puede
sino juntar palabras. Ahora somos tú y yo, no
existe más nosotros. Uno y uno, dos solos: yo
esa mierda que tú soy y yo añoras, desgraciado.
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